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Compañera de Viaje

Para inaugurar este blog, que quiere ser un testimonio fiel y veraz de mi actividad literaria, quiero compartir con vosotros el primero de mis relatos que resultó galardonado con un premio, en concreto fue el ““XIX Concurso Corpus Christi 2013”, en Camuñas, Toledo, pueblo al que, desde entonces, me une un cariño especial.

COMPAÑERA DE VIAJE

 

Te conocía casi desde siempre, pero comenzamos a intimar a raíz de aquel desamor, aquel que fue un gran amor, el que me hizo hacer locuras, el que me llevaba al cielo cada noche que ella decía que me quería, aquel amor que parecía no tener fin e ir a más cada día, hasta que de repente un día comenzó a desinflarse aquel sentimiento. Los días de luz se fueron convirtiendo poco a poco en monotonía, pesadez, cansancio. Cuando ella se fue ya se había acabado aquel amor interminable, aunque yo no me había dado cuenta aún, ya se había acabado.

Entonces apareciste tú. A ti te conté todo, tú me escuchaste sin juzgarme, contigo me emborraché hasta perder el sentido recordando aquel amor que se acababa de terminar.

Tú me acompañaste en mi cama las noches de insomnio, me acompañaste cuando recordaba los momentos más íntimos. Tú y solo tú seguiste a mi lado cuando todo mi mundo se desmoronaba.

Había pasado contigo algunos días de mi niñez. Nos acompañamos más a menudo durante mi adolescencia. Siempre estuviste allí, pero sobre todo aparecías en los momentos en que me llevaba algún desengaño amoroso. Estuviste a mi lado la mayor parte del tiempo durante mis quince febriles años, cuando mi cuerpo pedía otro cuerpo que no aparecía.

Me abandonaste, o te abandoné, en mi juventud. Durante años casi me olvidé de ti. Fueron tiempos de alegría, amistad, compañerismo, trabajo también, pero trabajo satisfactorio. Por aquel entonces pasaba el tiempo entre fiestas, cortas relaciones placenteras, amores de pago y momentos compartidos. Fueron tiempos de muchas risas.

Un buen día, cuando casi ni te recordaba, apareciste, justo en el momento en que empecé a cuestionarme si estaba conduciendo mi vida por el camino correcto, justo cuando comenzaba a plantearme si aquella vida distendida que llevaba era todo lo que en realidad deseaba, justo entonces apareciste tú.

Desde el momento en que llegaste me dediqué a ti por entero, dejé aquel trabajo hasta entonces satisfactorio, me olvidé de los amigos, me abandonó el entusiasmo por el juego del amor. Me retiré contigo. Juntos nos fuimos a aquel dormitorio del primer piso de la casa de mis padres donde pasábamos las horas, los días y los meses sin más distracciones que las escasas salidas que hacíamos juntos a aquel bar cercano donde yo me emborrachaba sin hablar con nadie.

Pasaba el tiempo y llegué a pensar que nunca íbamos a separarnos. Pasamos años juntos en los que sólo nos separamos por algunos momentos, ni siquiera por un día completo.

Entonces, de repente, un día cualquiera, apareció aquella chica: una mujer pasional, con energía, con muchas ganas de vivir. En aquel momento ella vivía su vida de una manera totalmente contraria a la mía. Cuando la vi llegar pensé que debía ser genial poder disfrutar de la vida como ella lo hacía. Cuando quiso conocerme me dije que no debía hacerme ilusiones, me conformaría con tener su amistad. Cuando me brindó su amor, la incredulidad inicial dejó paso poco a poco a un sentimiento que lo llenaba todo. Me enamoré de aquella chica como jamás pensé que iba a hacerlo. En seguida me empapé de su energía. Ella, conocedora de los secretos del sexo, prendió en mi la llama de la pasión, cambió mi mundo.

Por aquel entonces, siento decirlo, no recuerdo en qué momento saliste de mi vida, lo hiciste sin decir adiós. Generosa, me dejaste que disfrutara de aquel amor, sabedora de que volvería a ti algún día.

Aquellos fueron buenos tiempos que después compartí contigo, te conté cada minuto de aquella relación, debes de recordar detalles que yo ya olvidé con el paso del tiempo.

Cuando se acabó aquel amor que yo creía para siempre, volviste, fiel, a aparecer en mi vida.

Pasamos juntos meses en los que volvimos a los viejos tiempos: días de alcohol, pena, drogas, remordimiento e inacción.

Después, más tranquilo, comencé a acostumbrarme a ti. Habías pasado junto a mí una gran parte de mi vida. Debía de conocerte mejor. Entonces empezamos a salir poco a poco de aquel agujero negro donde estábamos metidos. Empecé a pensar que quizás iba a pasar el resto de mi vida contigo, así que debería de tratarte mejor, debería de entenderte.

Desde aquel momento tu compañía se volvió menos asfixiante, empecé a encontrar en ti algunas ventajas que antes no veía. Me fui acostumbrando a ti y aprendí lo que tu ya sabías: que hiciera lo que hiciera y pasase lo que pasase siempre retornaría a ti.

Me acostumbré a dejarte en casa para salir sin ti. Hice nuevas amistades donde tú no encajabas. A veces ni siquiera me acordaba de ti. Comencé a ir a fiestas, a conocer nuevas mujeres. Por momentos, días, e incluso semanas me olvidaba de ti, te arrinconaba.

Pero tú, paciente, sabías que siempre iba a volver a ti y no me tenías en cuenta el tiempo que pasaba fuera. Cada vez nos veíamos menos, pero tú nunca me reprochabas nada. A veces volvía a ti después de un desengaño amoroso, como hacía durante mi adolescencia. Sólo que ahora nuestra relación había cambiado. Hasta entonces habías sido tú la que aparecías tras mis desengaños, llegabas sin llamar y yo te acogía y me apegaba a ti de tal forma que no era capaz de dejarte marchar. Hasta entonces las veces que nos separábamos habían sido causadas por la intervención de una tercera persona que tomaba la iniciativa y no quería compartirme contigo. Hasta entonces yo había sido sumiso en nuestra relación. Pero se habían invertido los papeles. Ahora yo te conocía bien y sabía qué era lo que me hacía bien y qué era lo que me hacía mal en nuestra relación. Ahora era yo el que acudía a ti sin avisar y pasaba contigo el tiempo necesario para nutrirme con tus cosas buenas y poder partir de tu lado con energías renovadas. Había aprendido a quererte, pero sabía que si pasaba mucho tiempo contigo nuestra relación se volvería insana, como pasaba casi siempre en todas las relaciones. Así, a partir de entonces aprendí a volver a ti por momentos, a disfrutar de ti cuando estaba contigo, conocedor de que debería dejarte pronto para tener ganas de volver después, sabiendo que de esta forma ibas a ser una buena compañera de viaje.

Por tu paciencia, por tu compañía y por tu comprensión y lealtad quiero darte las gracias.

Gracias Soledad.

3 comentarios en “Compañera de Viaje”

  1. Bonito relato Antonio.
    Conozco a la amiga del protagonista y comparto con él eso de “había aprendido a quererte, pero sabía que si pasaba mucho tiempo contigo nuestra relación se volvería insana”.
    Muy bonito y muy real.

    Le gusta a 1 persona

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