Literatura

Baldosas Amarillas:

Alham  Amarillas eran las baldosas tiempo atrás, en un pasado por el que ella caminaba erguida, absorta en sus pensamientos, ajena a mis furtivas miradas que no buscaban otra cosa que la contemplación de la belleza y que, huidizas y sigilosas, no se dejaban notar.
Cada peldaño que subía era un altar para su belleza, un podio que la alejaba de mi humilde mediocridad.
Cada tarde, cuando el sol estaba a punto de esconderse tras el bosque de la Alhambra, mi timidez y yo nos sentábamos en un sombrío banco de piedra, esperando con ansiedad escuchar el taconeo de la aguja de sus zapatos acercándose.
Su figura tardaba en ascender hasta la plaza que dominaba la ciudad apenas dos minutos.
Dos minutos que daban sentido a los mil trescientos treinta y ocho que le restaban al día.
Durante cuarenta años acudí cada tarde a mi ineludible cita con el amor, poseído de una atracción extraña y enfermiza. Cuarenta años ansiando un encuentro que sólo sucedió durante los primeros meses del primer año.
Desde que ella dejó de subir las escaleras, los atardeceres perdieron su color rojizo y las baldosas olvidaron su amarillo para volverse pardas y difusas.
Cuarenta años soñando con baldosas amarillas.

2 comentarios en “Baldosas Amarillas:”

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