Literatura

La Llamada

¿Cómo reaccionar cuando el pasado llama a nuestra puerta tratando de imponerse a la realidad?

La Llamada:

Estaba regando las plantas del patio cuando escuché la llamada. Para mi sorpresa, descubrí en el auricular una voz del pasado, inquieta y turbadora, cuyo temblor denotaba arrepentimiento, que hablaba de recuerdos agradables y promesas de enmienda y de futuro.

Tras colgar, volví a salir al patio para continuar con mi labor, el agua continuaba siendo la misma y las plantas también se mantenían igual a como las había dejado cinco minutos antes, sin embargo todo había cambiado, mi ánimo era distinto y aquel entorno lo notaba, los tallos y las hojas aparentaban brillar menos, el agua me parecía menos fresca y mi actividad se había vuelto pesada.

La dueña de la voz tras el teléfono había compartido conmigo, en multitud de ocasiones, la actividad de regar, tras la cual solíamos desayunar envueltos por el frescor del agua y por el aroma de las plantas agradecidas por los cuidados.

Juntos, en muchos días ociosos, en ese mismo patio, bajo la sombra de las parras, habíamos visto el sol salir y ponerse, sintiendo el olor a carbón de la barbacoa, saboreando las panochas de maíz asadas con mantequilla, degustando sabrosas carnes a la brasa y paladeando vinos de exclusivas cosechas que soltaban nuestras lenguas y ayudaban al amor y sus manifestaciones. Aquellos momentos los pasábamos dedicándonos miradas cariñosas, prestando oídos atentos a las confidencias del otro, abriendo nuestras manos para ofrecer abrazos reconfortantes y dejando que nuestros labios saciaran su hambre de otros labios.

Muchas noches la Luna se había sonrojado al encontrarnos, en ese mismo patio, entregados a los placeres del cuerpo, dando rienda suelta a nuestra pasión con un vaivén acompasado de caderas.

El recuerdo de aquello, hasta hacía poco hiriente y doloroso, se había transformado ya en entrañable y emotivo. Los días vividos en compañía y las noches de sudoroso frenesí, que hasta no hacía mucho estaban muy presentes en mis pensamientos, formaban ya parte de mi pasado, sin atisbo de rencor.

Traer de vuelta aquel amor abandonado a su suerte hacía tiempo y recuperar la felicidad que dejamos marchar en su día, se me presentaba como inviable. Sería como tratar de cambiar las nuevas plantas del patio por las que había entonces y que ya se secaron; mientras permanecieron allí y se cuidaron, su aroma lo invadía todo, pero el paso del tiempo las había marchitado y otras plantas con otros aromas ocupaban su lugar. Me parecía imposible rescatar las anteriores sino era con el pensamiento, y aún así, distorsionadas y difuminadas por la memoria.

No podía ceder ante ese intento desesperado de volver a traer aromas del pasado que un día decidieron irse, no era posible trasplantar algo que se secó, ni se podía recuperar algo que ya no existía.

La llamada alteró mi día, no para entristecerlo ni para alegrarlo, sino para traer el recuerdo, que no la añoranza, de días pasados. Dejé por un instante que la mente descansara en los momentos en que aquella voz formaba parte de la banda sonora de mi vida. Me permití recordar el sabor de sus labios, el tacto de su mano cuando paseaba a mi lado, la suavidad de su pelo enredándose entre mis dedos y la vibración de su cuerpo, arqueándose tembloroso en el momento del éxtasis.

En aquel instante un poco de la felicidad del ayer vino a endulzarme la mañana. Luego, con una sacudida de cabeza, devolví mi mente al presente y el calor de las pasiones pasadas fue entibiándose poco a poco.

Retomé mi actividad en el patio con el mismo entusiasmo anterior a la llamada y creí sentir el agradecimiento de las plantas al notar que de nuevo era consciente de ellas, a la vez que el agua recuperaba su frescor.

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