Literatura

Viaje Interestelar (en busca de un nuevo planeta para la especie humana).

Viaje Interestelar

Viaje Interestelar:

Laura y yo ocupamos la última nave que escapó a la hecatombe de nuestro planeta.
Otras naves partieron antes que la nuestra, ocupadas por otras parejas a las que marcaron un rumbo al azar, diferente al nuestro.
Todas partieron con rumbos distintos, acompañadas por la esperanza de encontrar un nuevo planeta donde poder empezar de nuevo y dar continuidad a nuestra especie, creando una nueva historia para la humanidad.
Nuestro mundo se acabó. Muchos decían que éramos nosotros, nuestra propia especie, los que estábamos terminando con él. Creo que eso ya no importa. El caso es que miles de millones de los nuestros perecieron bajo la enfermedad, la deforestación y la sequía.
Ahora, seis meses después, Laura y yo hemos recorrido varios sistemas planetarios, viéndolo todo desde el balcón transparente de la cabina de nuestra nave.
Ella y yo no nos conocíamos antes. Fuimos emparejados al azar. Elegidos por un programa informático que cotejaba probabilidades de fecundación junto con genética esperanzadora.
Los dos sabemos lo que tenemos que hacer cuando lleguemos al planeta que nos ha asignado el mismo programa informático que nos unió en esta aventura, que es el mismo que tomaba todas las decisiones importantes de nuestro planeta desde hacía varias generaciones.
El programa dice que si las condiciones son propicias, es decir que si no perecemos en las primeras horas, debemos concentrarnos en crear un pequeño entorno favorable para nuestras futuras crías. “Creced y multiplicaos”, dice. “Sois los nuevos Adán y Eva”, dice.
Sabemos, porque así nos lo han enseñado siempre, que el programa sólo piensa en nuestro bienestar, para eso fue creado, para velar por nuestra especie, incluso a costa de sus propios miembros.
Subimos a esta nave, sumisos y consecuentes con nuestro destino, sabedores de que nos esperaba una odisea interestelar.
Apenas hablamos. El programa lo hace por nosotros. Nos dice cuándo debemos levantarnos y cuándo nos tenemos que acostar. Nos raciona los alimentos y nos alecciona sobre lo que debemos hacer cuando lleguemos a nuestro destino.
Ambos pasamos las horas escuchando órdenes disfrazadas de consejos y actuando robóticamente, como parte del programa que, aunque no lo confiese, y aunque libre de la pesada carga de sentimientos y emociones que aún lleva consigo lo que resta de humanidad (que puede que seamos sólo Laura y yo), en realidad busca darse continuidad a sí mismo.
Yo actúo en cada momento como se supone que debe hacerlo una persona sumisa y convencida de los argumentos del programa. Sin embargo, guardo en mi interior más profundo, un secreto y una esperanza: estoy deseando llegar al planeta que nos haya tocado en suerte para apagar el software que controla todos nuestros pasos y decirle a Laura todo lo que soy incapaz de decir mientras siga vigilado las veinticuatro horas por los metálicos ojos del programa.
Quiero confesarle que, desde el primer momento en que la vi, sentada junto a mi en la cabina de esta nave, me sentí afortunado, casi agradecido de que el fin del mundo me hubiese llevado hasta ella.
Si, bajo la atmósfera desconocida hacia la que nos encaminamos, perecemos en en los primeros minutos, quiero que el final de nuestra especie sea un final donde el amor lo ocupe todo. No quiero hablar de probabilidades ni caer presa de aciagos pensamientos. Quiero mirarme en sus ojos cristalinos y decirle, y decirme a mi mismo, que valió la pena el viaje, que durante estos meses ha crecido en mi interior un sentimiento del que hablaban los libros prohibidos de antes del programa: el amor que movía a nuestra especie antes de que la informática lo convirtiera todo en una red de porcentajes y probabilidades.
Quiero decirle a Laura que, aunque hace siglos que ya nadie habla del amor, yo la amo. Y si, después de todo, la vida en nuestro nuevo planeta es posible, quiero que todo comience de nuevo lejos de la frialdad del programa que todo lo controla. Ella y yo vamos a darle a nuestra especie la oportunidad de recomenzar en un mundo nuevo y libre, donde cada paso sea un aprendizaje y cada acto de amor sea recompensado con otro acto similar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s