Amor, Literatura, Romántico

Lluvia de ayer y de hoy

Este es un relato escrito desde la ventana de mi casa, viendo la esperada lluvia caer, disfrutando con el sonido del repiquetear de las ansiadas gotas en los cristales, que parecen decir: “Tú creías que me había olvidado de venir a verte, pero sólo estaba buscando alimentar tus ganas de mi”.

 

Luvia de Ayer y de Hoy:

Jardín descuidado

La lluvia repiquetea en los cristales de la ventana del cuarto de estar.

Es la misma lluvia, al menos en la forma y en el sonido, que ha caído tantas y tantas veces sobre los cristales, arañados y desgastados por el paso del tiempo.

Me asomo afuera y observo como el agua va siguiendo los surcos que el abandono ha ido formando en el suelo del jardín. Donde un día hubo un vergel cuidado con entusiasmo, apenas quedan algunos retoños de las exóticas plantas de entonces, abandonadas a su suerte, creciendo salvajes, acompañadas de flores silvestres, de zarzas y enredaderas que amenazan con devorar cada centímetro de lo que fue.

Qué distinto se ve todo de unos años atrás hasta hoy, cuando el sonido de la risa lo llenaba todo y la casa era testigo mudo de un amor que se derramaba por sus habitaciones, incapaz de controlarse a sí mismo. Cada puerta cerrada de esta casa guarda secretos inconfesables que se han convertido en recuerdos imborrables.

El mundo era otro entonces, cuando tus ojos miraban en la misma dirección que los míos, cuando en un solo día cabía la eternidad. La vida era más vida veinte años atrás, aunque el agua cayera igual que hoy y su sonido en los cristales fuera el mismo.

Miro en mi interior y apenas encuentro unas migajas del empuje y la energía que me poseía en aquel tiempo. Las ganas de todo me han abandonado y su lugar lo han ocupado la apatía y la indiferencia.

Imagino que tú debes haber cambiado también, aunque quiero creer que no. Me gusta imaginar que, allá donde estés, sigues llevando contigo la risa fresca que inundaba los pasillos y se desparramaba por los cuartos de esta casa cuando también era tu casa.

Cerrando los ojos puedo verte allá afuera, bailando bajo la lluvia, jugando con las flores del jardín de entonces, y quiero creer que sigues siendo la misma, allá donde estés, aunque no sean mis ojos, sino otros, los que te observen enamorados. Quiero creer que el amor sigue habitando en ti, aunque sean otros brazos los que te reconforten y otros labios los que te besen. Quiero creer que el mundo, ese que tanto ha cambiado para mi, siga siendo el mismo para ti. Necesito creer que el tiempo y el espacio maravilloso que compartí contigo tiene continuidad en alguna parte, que la felicidad que te acompañaba continúa existiendo a tu lado.

La lluvia sigue picando en los cristales. Este agua ayudará a las zarzas a seguir creciendo e invadiendo mi mundo, más no me importa, mientras las malas hierbas sigan avanzando será señal de que aún les queda tierra por conquistar.

Algo de mi queda en el abandono, aunque sólo sea el recuerdo.

La lluvia ha cesado y el cuaderno que me sirve como nexo de unión conmigo mismo parece mirarme e invitarme a adentrarme en su mundo de letras y borrones, de sentimientos y desahogo, aunque sé que hoy no soy yo quien escribe, sino la lluvia, la misma lluvia que ha caído hoy y la que cayó hace veinte años.

 

11 comentarios en “Lluvia de ayer y de hoy”

  1. Enhorabuena, Antonio. Esta muy bien. Me ha gustado mucho.
    Me he apropiado de estas maravillosas letras y por unos instantes he hecho mías tus reflexiones de vida.
    Un saludo, cuidate.
    Velasco.

    Le gusta a 1 persona

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