Literatura, Sin categoría

Volver a Empezar

Han sido tres largos días de viaje, cuyo final deseaba y temía a partes iguales, pues me han traído de vuelta hasta el viejo pueblo de mi infancia, donde tendré que enfrentar mi pasado, mis raíces y mi ausencia durante tanto tiempo.

Ya puedo ver las calles empedradas que me vieron crecer, jugar, reír, llorar, amar y desesperar, y que también me vieron marchar años atrás, en busca de un porvenir y de un futuro que me ha traído ahora de vuelta hasta aquí.

Algunas de las casas de mis amigos son ahora solares vacíos de vida y de recuerdos. También observo que se han levantado algunas casas nuevas, ostentosas y domingueras, seguramente pagadas con el dinero de herencias ancestrales y de corrupciones urbanísticas.

Por las aceras limpias se pueden ver, caminando despacio, más cuerpos viejos y arrugados que tersos y juveniles. Parece que no fui yo el único en marcharse y que los que quedaron van menguando en número y aumentando en años.

Con una primera mirada tengo la sensación de que todo ha cambiado mucho. Nada queda del tiempo en que me animé a salir de aquí. Ni siquiera sé si quedará alguno de los míos, de los que compartieron conmigo juegos infantiles y aventuras adolescentes. Y si alguno queda seguro que ya no es el mismo, al igual que yo no soy la misma persona de veinte años atrás.

He vuelto aquí porque es el único lugar donde siento que la palabra retorno tiene algún significado para mí, pues fueron estas calles, que guardan el secreto de mis primeros amores, y vieron llorar unos inmensos ojos negros el día que me marché, mis cómplices en las largas y solitarias noches de mi vida como emigrante.

Ahora, más mayor, más solo, más cansado, pero más yo también, no me queda otra que volver a empezar. Es eso o abandonarme sin ilusión al paso de los años. Hay mucho por hacer aquí. Al final de la calle principal, junto al puente que separa el pueblo de los campos de cultivo me espera la vieja casa familiar. Mis brazos aún están fuertes y mi cintura aún se conserva en su sitio y no amenaza con quebrarse.

El campo de mis antepasados, abandonado a su suerte hace años, precisa de mis cuidados para volver a florecer, y yo preciso del campo para comenzar a vivir una nueva vida.

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