Literatura, Sin categoría

Mi Vida por Ti

huraño

Mi Vida por Ti:

Ahora que, después de tanto tiempo y tantas penalidades, por fin te tengo conmigo, no sé qué hacer para aprovecharte y disfrutarte.

Desde el primer momento en que supe de ti, en mi más tierna juventud, quise poseerte. Cuanto más esquivo te me mostrabas, mayores eran los esfuerzos que yo hacía por atraerte a mi lado. Incluso antes de conocerte ya soñaba contigo.

Al principio, cuando era joven e inocente, no sabía que mi lucha por ti iba a requerir de toda mi energía; creía que iba a ser fácil atraerte a mí y poder disfrutar siempre de tu compañía; y que, entonces, juntos, la vida sería fácil. Viviríamos un cuento de hadas en el que consentirías todos mis caprichos.

Pronto me hice a la idea de que no eras sólo mío y que nunca lo ibas a ser del todo; no me importó, dejé de soñar con la exclusividad, me conformaba con el pedazo de ti que me tocaba.

En ocasiones sentí celos, no porque estuvieras en otras manos, sino por tu ausencia.

Ante mis ojos te mostrabas atractivo y poderoso; te creí el guardián de mis sueños, el único capaz de hacerlos realidad. Aprendí a sacarle todo el jugo a las ocasiones en que disfrutaba de tu compañía, aprovechándote hasta el último momento.

Tu marcha venía acompañada, invariablemente, de cierta pena e incluso de remordimientos por mi parte, pues siempre pensaba que tu ausencia era mi culpa, y que quizás no sabía hacer todo lo posible por retenerte.

Fue pasando el tiempo, días y semanas que se convertían en meses y en años, y yo seguía esperándote, soportando tus idas y venidas, buscándote y luchando por atraerte junto a mi para beber de ti hasta la última gota y dejarte luego marchar. Nuestra relación parecía haber tomado un rumbo invariable. No era una situación del todo mala, pues aunque cada vez me resultaba más duro ver como te ibas, también iba en aumento la alegría que experimentaba con tus regresos. Actuabas en mi sistema nervioso igual que una droga dura, pues en tu ausencia sufría del síndrome de abstinencia. Supongo que todas tus compañías sentían lo mismo.

Ahora entiendo que si quería disfrutarte tenía que haber continuado respetando tus idas y venidas, que forman parte de tu naturaleza. Pero con los años empecé a fijarme más en tus ausencias, que se me hacían cada vez más largas, y comencé a urdir un plan para atraparte. Quería alargar tus visitas y mantenerte a mi lado para siempre, si fuera posible. Entonces inicié una lucha sin tregua en la que sólo perdí yo: trabajé duro por ti, en tu nombre dejé de lado compromisos y amistades, consagré mi tiempo y mis esfuerzos  tu obtención, y cuando lograba tenerte conmigo todo mi afán era no dejarte marchar, atesorarte, guardarte en un cajón, lo cual no servía de nada, porque al final acababas abandonándome por los motivos más impensables, de tal manera que me resultaba imposible retenerte a mi lado y evitar tus ausencias, lo que no hacía más que aumentar mi desasosiego.

Así, me fue llegando una madurez huraña, pues el deseo incontrolable de poseerte me hizo sacar de mi vida todo lo que no me condujera a ti. La mezquindad hizo presa en mí. Todo lo que hacía, lo hacía por ti, no veía más allá. Me convertí en una persona solitaria y taciturna. Cancelé mi vida por ti.

Los años fueron pasando y mi obsesión por ti no desaparecía. Aunque es cierto que, con el tiempo, fuiste entregándome cada vez un poco más de ti, pero yo ya había perdido la capacidad de disfrutarte, sólo quería aprisionarte. Me convertí en tu celoso guardián.

Ahora me doy cuenta de que pudimos llevar a cabo grandes proyectos juntos, que nuestra unión podía haber sido más enriquecedora si hubiese aprendido a respetar tu naturaleza, pero mi atracción fatal hacia ti me volvió ruin, y mi único placer era mirarte y admirarte en soledad.

Ahora, cuando la vejez ya me ha restado las fuerzas y me ha quitado las ilusiones de la juventud, me he percatado de la estupidez de mi ansia egoísta por encerrarme contigo, me he dado cuenta de que no sirve para nada tenerte si no puedo disfrutarte, ahora me gustaría que saliéramos a gastarnos juntos, pero ya es tarde, las energías me han abandonado, se fueron con mi lucha por ti, y además, la costumbre de años de mezquindad y abandono se ha hecho fuerte en mi interior, y aunque quisiera divertirme contigo, ya no sabría cómo hacerlo.

Desperdicié gran parte del tiempo que pasé contigo intentando retenerte, cuando la gracia estaba en dejar que te gastaras y te consumieras con mis placeres para permitirte luego marchar. En muchas ocasiones de las que te tuve conmigo no supe aprovecharte, y ahora que creo haber aprendido la forma de hacerlo se me acabaron las fuerzas.

Di mi vida por ti.

No entendí tu esencia cuando debía y tomé como el fin mismo de mi vida el amasarte, y ahora que me he acostumbrado a mirarte, a tocarte, a contarte, a sentirte resbalando entre mis dedos, me he percatado de que tú, “Dinero”, por ti mismo, no vales gran cosa.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s