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Qué sola está La Soledad

Qué sola está La Soledad:

Soledad

Cae la noche en el campo, abarcándolo todo, acabando con las luces y con las sombras. Duermen los pájaros seguros en sus ramas y los conejos, bajo tierra, sueñan con inacabables prados verdes. Es el momento de la lechuza y el zorro, de ladridos esporádicos y dispersos, del sonido inquietante de pasos cautelosos, del lobo, la luna y la soledad, que durante el día duerme, escondida tras los trajines diarios, y que a esta hora se despereza, se viste su traje largo y se dispone a despertar recuerdos, a traer imágenes de otros tiempos, de otros pasados, de todas las vidas que caben en una sola.

La Soledad camina por mi pueblo y entra en el cuarto del joven Gabriel, que con sus dieciocho años escribe en su diario que nunca jamás habrá amor en su vida, pues ha sido rechazado por la única mujer a la que piensa que podrá querer. Y La Soledad lo mira y suspira, sabiendo que su pena pasará y que habrá otros amores y desamores en su vida.

Luego La Soledad sale por la ventana de Gabriel, llega hasta la casa del abuelo Beltrán y se sienta un rato con él, que pasa las noches en su terraza, mirando las estrellas con sus ojos claros de párpados traslúcidos y octogenarios, y le habla de su pasado, de cuando era joven y había una mujer esperándolo en casa, de cuando sus manos no temblaban y sus recuerdos no se confundían con los recuerdos de otros.

Después camina un rato con un insomne paseante que saca sus doloridos huesos a la calle, tratando de encontrar en las silenciosas calles del pueblo la calma que no consigue encontrar en su cama de soltero. A mitad del paseo, La Soledad, ve luz en la ventana de Angustias, y pasa a acompañarla, a observar el movimiento de sus manos mientras cose jerseys y colchas para unos hijos que hace años se fueron del pueblo y que siempre encuentran una excusa para no volver.

Así va acumulando tristezas y pesares, hasta que, apartándose de las calles principales del pueblo, callejea un rato, silbando una melodía que fue banda sonora en otros tiempos de mi vida, y se deja caer por mi casa, abriendo recuerdos y descorchando botellas. Juntos tomamos una copa de vino y yo le hablo del pasado y de las encrucijadas del destino y luego, cuando noto su inquietud, callo y la escucho en silencio y ella me habla de lo sola que está, de cómo su soledad son todas las soledades, de cómo las tristezas de todos son su tristeza, y pienso “qué sola está la soledad”, y la dejo llorar un rato junto a mi en el patio, y abrimos otra botella, y yo le hablo del amor y de la pasión y ella acaba riendo, y ambos nos quedamos dormidos, y la lechuza que vigila en el nogal del patio agradece el silencio, y el zorro que estaba petrificado junto a los arbustos, tratando de no ser descubierto, corre campo adentro, y la noche se va consumiendo entre ronquidos y soledades

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5 comentarios en “Qué sola está La Soledad”

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